¡LUMIÈRE! LA AVENTURA CONTINÚA. "Lumière! L'aventure continue" 2024, Thierry Frémaux

Segunda parte del documental ¡Lumière! Comienza la aventura, con el que Thierry Frémaux rindió tributo en 2016 a los inventores del cinematógrafo. En esta ocasión, la aventura continúa en los mismos términos que su antecesora: el director del Instituto Lumière acompaña con su voz en off una selección de 120 tomas (así se denominan aquellas primeras películas de apenas 50 segundos de duración) rodadas entre 1895 y 1905. Por eso, presenciar dichas imágenes recuperadas es lo más parecido a adentrarse en la cueva de Altamira del cine, tanto en significado como en relevancia.

La sucesión de filmaciones muestra los rasgos comunes de la marca Lumière: cuidado en los encuadres, profundidad de campo, búsqueda de temas que aúnan expresividad, descripción y dinamismo. No en vano, el término cinematógrafo significa, literalmente, escritura del movimiento. Por la pantalla desfilan ejércitos en formación,  profesionales desempeñando oficios, vehículos, transeúntes y niños, siempre niños. El nuevo medio representa la nueva vida, inventa su propia mirada y la exigencia del espectador, tal y como dice Frémaux, evita la muerte absoluta de lo filmado.

La narración del documental es didáctica, ilustrativa y contiene, a su vez, un discurso con ideas que no reniegan de la poesía. Lo que podría haber sido una lección académica del cine de los pioneros, resulta en conjunto un relato apasionante con lugar para la reflexión y el humor, a lo largo de varios capítulos que cuentan con la ilustración sonora de Gabriel Fauré, músico contemporáneo de los Lumière. La mezcla es tan bella y elegante que ningún aficionado debería permanecer ajeno, porque en esta colección de pequeñas películas ya está la esencia misma del cine: la observación de la realidad, la invención de ciertos géneros, la promesa estética, la puesta en escena desde la elección del encuadre, la dirección de actores, la sorpresa... todo ello mirado con curiosidad y ternura a través de cámaras primitivas, que justifican la existencia del propio cine y que dejan para la posteridad la evidencia de que aquello que retrataban existió, de que el cine estaba allí.