Hay películas que, sin hacer demasiado ruido, consiguen provocar un eco que se perpetúa en la memoria del espectador tiempo después de haberlas visto. "The Visitor" es una de ellas. Un guión modélico con capacidad para denunciar aspectos incómodos de la realidad sin resultar panfletario, y unas interpretaciones solventes entre las que destaca la de Richard Jenkins, hacen de esta película una obra a tener en cuenta. El trabajo de Jenkins resulta conmovedor por su gestualidad precisa y su economía de medios. Su forma de mirar y de moverse, su manera de decir los diálogos son un ejemplo de contención y de talento aplicado a la interpretación. Por otro lado, las labores de Thomas McCarthy en el guión y la dirección no hacen sino confirmar las habilidades que, cuatro años atrás, ya revelara en "Vías Cruzadas". Esto es, un don para aprehender lo cotidiano y para presentar, de modo directo y sencillo, películas pequeñas en apariencia y grandes en objetivos. "The Visitor" es un relato que empieza como un cuento y termina como una crónica. Emocionante, incómoda y triste. Un espejo de nuestra sociedad y sus contradicciones. Una película necesaria.The Visitor. 2007, Thomas McCarthy
Hay películas que, sin hacer demasiado ruido, consiguen provocar un eco que se perpetúa en la memoria del espectador tiempo después de haberlas visto. "The Visitor" es una de ellas. Un guión modélico con capacidad para denunciar aspectos incómodos de la realidad sin resultar panfletario, y unas interpretaciones solventes entre las que destaca la de Richard Jenkins, hacen de esta película una obra a tener en cuenta. El trabajo de Jenkins resulta conmovedor por su gestualidad precisa y su economía de medios. Su forma de mirar y de moverse, su manera de decir los diálogos son un ejemplo de contención y de talento aplicado a la interpretación. Por otro lado, las labores de Thomas McCarthy en el guión y la dirección no hacen sino confirmar las habilidades que, cuatro años atrás, ya revelara en "Vías Cruzadas". Esto es, un don para aprehender lo cotidiano y para presentar, de modo directo y sencillo, películas pequeñas en apariencia y grandes en objetivos. "The Visitor" es un relato que empieza como un cuento y termina como una crónica. Emocionante, incómoda y triste. Un espejo de nuestra sociedad y sus contradicciones. Una película necesaria.Séraphine. 2008, Martin Provost
El cine francés ha demostrado en repetidas ocasiones una habilidad especial para conjugar la fábula, la reflexión y el relato histórico. Desde Cyrano de Bergerac hasta Los chicos del coro, todos los años surge una gran producción capaz de atravesar las fronteras de medio mundo y conseguir un buen puñado de galardones. Séraphine ha logrado lo segundo (siete premios César de la academia francesa de cine) pero no ha conseguido la difusión que merecía. Los espectadores y los críticos que han podido disfrutar de sus imágenes, coinciden en la calidad de una película que merece la pena reivindicar. Y es que la historia de Séraphine Louis, la sirvienta que entre coladas y suelos sucios consumía sus noches completando una obra única y desgarrada, tiene virtudes para seducir allá donde sea vista. Por su impecable factura técnica, capaz de trasladar a la pantalla un naturalismo donde conviven los usos y costumbres de una pequeña localidad gala con el universo íntimo de una artista original, un icono dentro de los primitivos modernos. Por su guión, eficaz y sencillo como solo pueden ser los relatos complejos. Por su puesta en escena, austera, evocadora, muy inspirada. Y por supuesto por su actriz protagonista, una inmensa Yolande Moreau que logra hacer cercano un personaje de la dificultad de la pintora, lúcida en su locura creativa y obsesiva dentro de su cotidianidad. Todos estos elementos convierten a Séraphine en una experiencia gozosa y triste, emocionante y muy recomendable. El cineasta Martin Provost realiza así con su tercer largometraje no sólo un ejercicio de justicia histórica, sino un hermoso retrato sobre la creación artística.Amor eterno. "Eternal love" 1929, Ernst Lubitsch
Que Lubitsch fue un maestro lo demuestran películas como ésta. Rodada en las postrimerías del cine mudo, "Amor eterno" es un prodigio de realización al servicio de un guión poderoso y de una puesta en escena llena de imaginación y talento. La contundencia de las imágenes y una fotografía muy matizada, obra de Oliver T. Marsh y Charles Rosher, dotan a este film de una plasticidad fuera de lo común, convirtiendo la pantalla en un lienzo. Las interpretaciones de los actores, con el gran John Barrymore a la cabeza, son ajustadas y precisas, sin el exceso de la pantomima habitual por entonces. La cámara de Lubitsch recorre los decorados y los rostros de forma ágil, enérgica, y sabe captar el erotismo del relato mediante las sugerencias que formarían parte de su famoso toque. "Amor eterno" supone una muestra de lo lejos que llegó el cine mudo gracias a autores como Ernst Lubitsch. Cine con mayúsculas.
A continuación, una muestra de la extensa filmografía de John Barrymore, una de las grandes estrellas del Hollywood dorado.
Danzad, danzad malditos. "They shoot horses, don´t they?" 1969, Sydney Pollack
Sería muy difícil hacer una mala película con esta historia. La fuerza dramática de la situación que describe, lo extremo de los personajes, el juego de analogías y de metáforas como forma de crítica es de tal calado, que el reto del film era mantener las expectativas creadas desde el propio planteamiento de la trama. Expectativas que se ven cumplidas y superadas en un verdadero tour de force argumental que concluye con un desenlace sorprendente y fatalista. "Danzad, danzad malditos" es concisa y cruel, lo que la hace fascinante. Los actores se entregan con esfuerzo y la cámara de Sydney Pollack los retrata en su descenso a los infiernos de forma ágil, elegante y despiadada. Una obra difícil de olvidar, un ejercicio atrevido y desgarrador que ayudó a hacer el cine de aquella época diferente y apasionado.
In the loop. 2009, Armando Iannucci
La sátira es un género de larga tradición que, bien hecho, resulta muy efectivo. Sin embargo, tiene el riesgo de estar siempre bordeando los límites del exceso, por lo que una sátira que no encuentra su justa medida quedará irremediablemente herida y carente de credibilidad. "In the loop" camina en todo momento sobre ese alambre sin llegar nunca a caer, y eso es lo mejor que se puede decir de esta comedia tan inteligente como cargada de veneno. Los estereotipos están bien definidos y el ritmo, frenético, no llega a decaer. El resto lo completan unos actores entregados que son parte activa y creativa del guión. La realización del debutante Armando Iannucci se emplea en capturarlos dentro del encuadre y en permitir que la trama se desarrolle con coherencia en medio de la multiplicidad de personajes y escenarios. "In the loop" supone un nuevo eslabón en el poco explotado cine político que es capaz de reflejar, con humor y garra, a esa fauna extraña y reconocible que son los gobernantes.
La cinta blanca. "Das weisse band" 2009, Michael Haneke
El cine de Michael Haneke se ha caracterizado siempre por su elegancia y frialdad, unas cualidades bajo las que discurren caudales de violencia soterrada y las aguas enfangadas de la naturaleza humana. El paradigma es "La cinta blanca". Resulta difícil encontrar en el cine actual una realización como la de esta película, evocadora y pictórica, precisa como el corte de un bisturí, rica en lecturas y al servicio, en cada uno de sus planos, de un guión portentoso que firma el propio Haneke en colaboración con Jean-Claude Carrière. En esta ocasión, el director convoca a los espíritus de Dreyer, Bergman y Tarkovski para hacer un trabajo profundamente personal y complejo, una obra envuelta en una sencillez que sólo se alcanza mediante la perfección: La fotografía en blanco y negro, llena de matices, es una exhibición de naturalismo. La banda sonora, compuesta exclusivamente por diálogos y por un cuidado diseño de sonido. La selección de actores y cada una de sus interpretaciones. La decoración y el vestuario de época, la dirección artística... Todos los elementos se conjugan para hipnotizar al espectador y conducirle hasta un final cruel y lúcido, desesperanzador, inevitable. Con "La cinta blanca", Michael Haneke no ha logrado sólo su mejor película, sino una de las más importantes de los últimos años.
Tambores lejanos. "Distant drums" 1951, Raoul Walsh
Fabulosa película de aventuras que demuestra que Walsh fue, sobre todo, un gran narrador. Su capacidad para la épica y para la sublimación de sus personajes queda patente en "Tambores Lejanos", un compendio de las claves del género que gracias al binomio Raoul Walsh-Gary Cooper alcanzó sus cotas más altas. Cine de entretenimiento que logra trascender por la concisión del relato, y que se ve reforzado por la batuta prodigiosa de Max Steiner, una lección magistral de música cinematográfica. La habilidad de Walsh para extraer el máximo partido de los decorados y para convertir el desarrollo de la trama en un verdadero mecanismo de relojería hacen de esta película una obra imprescindible que se disfruta de principio a fin.
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Let´s get lost. 1988, Bruce Weber
Quien busque en esta película una biografía al uso o el retrato preciso del músico de jazz Chet Baker, quedará decepcionado. Porque "Let´s get lost" es, sobre todo, un ejercicio narrativo, una mirada personal al complejo universo de un artista singular. El fotógrafo Bruce Weber acompaña con su cámara el devenir de un moribundo, un músico que se encuentra milagrosamente vivo y este hecho impregna cada fotograma de una trascendencia subliminal, eludiendo el morbo o el dramatismo fácil. Weber sabe también esquivar las tentaciones de tantos otros documentales biográficos y no se limita a rendir pleitesía a su personaje, sino que muestra sus zonas de sombra sin emitir en ningún caso juicios de valor. Con un tratamiento visual a medio camino entre el documentalismo experimental y el reportaje de investigación, en un blanco y negro duro y hermoso, un montaje muy efectivo y un empleo de los temas musicales que no ilustra la narración, sino que la construye, esta película consigue caminar en un terreno difuso pero tremendamente atractivo: el juego combinado entre dos artistas de carácter, Chet Baker y Bruce Weber, en un diálogo sincero en el que media la lente de una cámara inquieta y muy inspirada. Lírica y seca, bella y triste, "Let´s get lost" logra atrapar un pedazo del espíritu del gran Chet Baker. Ahí radica su hazaña.