La primera conclusión es evidente: no hay en España muchos ejemplos de este cine-espectáculo con envergadura de blockbuster, que contenga además una vocación de obra artística. Los Javis se reivindican como autores recurriendo a diversas fuentes literarias (la poesía y el teatro de Lorca, La piedra oscura de Alberto Conejero, los estudios de Ian Gibson...) Todo ello para construir un tríptico que despliega tres historias situadas en diferentes tiempos, con protagonistas unidos por la influencia del escritor granadino en sus vidas. Es también un fresco sobre la guerra civil y los ecos perniciosos que subsisten todavía hoy, un aviso para navegantes. Uno de los aspectos más interesantes del guion de los Javis y Conejero es la mezcla de realismo social y lirismo poético, algo que no siempre suele funcionar en las aproximaciones cinematográficas al universo lorquiano, tan dadas al cliché folclórico y a la postal. La bola negra no renuncia a estos tipismos y los aprovecha en su favor, calibrando la medida exacta: hay flamenco de taberna, señoritos andaluces, pérfidos fascistas y dramas familiares, pero son herramientas narrativas que empujan la acción, definen a los personajes y añaden expresividad al conjunto. Al igual que toda la iconografía gay que se expande en las imágenes de manera torrencial, con pocas sutilezas. Los Javis muestran sus cartas sin andarse con ambigüedades, La bola negra es una película política y posee un discurso muy claro, que es el de la libertad y el respeto.
Es verdad que ese discurso se anuncia con altavoz y se adorna de elementos estéticos, no hay más que ver las escenas que suceden en la playa o el número memorable que interpreta Penélope Cruz. Pero esta voluntad de epatar no puede ser considerada un defecto, si acaso, una búsqueda de hacer accesible una historia marcada por la intolerancia y el conflicto bélico. Los Javis ponen toda la carne en el asador y se esfuerzan porque cada plano del film transmita una emoción intensa, mediante una puesta en escena que saca el máximo partido de la fotografía de Gris Jordana y del montaje de Alberto Gutiérrez. Desde la primera secuencia del bombardeo hasta el final en las montañas nevadas, La bola negra está recorrida por una electricidad que se mantiene durante los ciento sesenta minutos de metraje, en buena parte gracias a la partitura compuesta por Raül Refree.
Y es que la película cuenta con la participación de nombres vinculados a la música como Guitarricadelafuente (perfecto en su encarnación de animal vulnerable), Albert Pla, Judeline o María Terremoto, en un plantel extenso que reúne a actores consagrados (Lola Dueñas, Antonio de la Torre, Glenn Close) con otros emergentes, artistas multidisciplinares (Yenesi, Alberto Cortés) y rostros conocidos de la familia profesional de los Javis (Carlos González). En suma, un paisaje humano de lo más ecléctico que define bien el espíritu de esta obra desmesurada, barroca y apasionante.






























