FRIDAY FOSTER. 1975, Arthur Marks

Primera de las dos películas que Pam Grier rodó con el director, guionista y productor Arthur Marks, las cuales dieron cierre al breve pero intenso reinado de la actriz dentro del blaxploitation de serie B de los años setenta. Estos tres conceptos juntos son garantía del mayor de los disfrutes, prueba de ello es Friday Foster. Un largometraje que lleva a la pantalla el personaje del mismo nombre creado por Jim Lawrence y Jordi Longarón, conocido por ser el primer cómic publicado en un medio estadounidense que protagoniza una mujer negra. Ella es una fotógrafa de moda con habilidad para meterse en toda clase de líos sentimentales, si bien la película deja a un lado los asuntos del corazón y se centra en una trama criminal y política sin pies ni cabeza.

Poco importa que el guion se enrede en una maraña de personajes y de situaciones hasta perder cualquier coherencia, porque el objetivo de Friday Foster es servir de vehículo de lucimiento a los encantos de la Grier. Su actitud frente a la cámara y su poderosa presencia física eliminan sin dificultad las debilidades del conjunto: ni el aire televisivo de la puesta en escena ni la sobreactuación de la mayoría de los actores resultan problemáticas a la hora de seguir los movimientos constantes de la actriz en los escenarios repartidos entre Los Ángeles y Washington.

La película, producida una vez más por American International Pictures, cuenta con un presupuesto algo superior a los anteriores títulos de Grier, lo que significa la aparición de vehículos más caros y de efectos especiales más complejos, pero la esencia permanece igual: Friday Foster es un divertimento sin pretensiones dirigido a los fans de la estrella protagonista, que mantiene el ritmo necesario para suscitar interés gracias, en parte, a la música de Luchi De Jesus. Sonidos funk que dan color a todos los tópicos posibles que pesan sobre la comunidad negra... este es, acaso, el máximo inconveniente del film. En todo lo demás, Friday Foster depara un espectáculo gozoso lleno de personajes pintorescos y momentos absurdos, filmados con abundancia de zooms y planos que se recrean en la fascinante Pam Grier. ¿Se puede pedir más por menos?

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