LA SINGLA. 2023, Paloma Zapata

Hay historias que merecen ser contadas, y la de la Singla es una de ellas. Lo raro es que nadie antes en España hubiera realizado un documental sobre esta bailaora excepcional, cuyo talento se multiplica por el hecho de que padeciese sordera. Nadie hasta Paloma Zapata, que le dedica su tercer largometraje de temática musical, adoptando una narrativa de investigación en la que se mezclan realidad y ficción.

La realidad tiene que ver con la historia breve pero muy intensa de la Singla, a través de vídeos y fotografías que recogen su periplo desde que nació en el barrio de chabolas del Somorrostro, la conocida como playa de los gitanos de Barcelona, hasta su temprano retiro después de haber triunfado en los escenarios de medio mundo. La ficción concierne al hilo conductor de la trama, que es el de una joven sevillana interpretada por Helena Kaittani, en busca de conocer las causas de la desaparición de la artista. Sus pesquisas la llevan a entrevistarse con varias personas, entre ellas Colita, la fotógrafa que capturó la energía juvenil y el desgarro de la Singla. La fusión de verdad y cine de género hace que el desarrollo resulte muy entretenido y rompa con el molde habitual de los documentales biográficos, gracias a las labores de guion y montaje que también desempeña Zapata, junto a la producción.

Las imágenes del film están muy elaboradas y logran transmitir la pasión que la Singla volcaba sobre las tablas, así como la personalidad huidiza que tenía cuando se apagaban los focos. Una contradicción que contribuye al misterio que siempre ha envuelto a esta mujer singular, quien al fin obtiene una representación cinematográfica a la altura de sus dimensiones creadoras.

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EL SOL DEL FUTURO. "Il sol dell'avvenire" 2023, Nanni Moretti

La última película de Nanni Moretti es un examen de conciencia que el cineasta hace respecto a su oficio, su entorno social y su compromiso político. Todo con el humor y el vitalismo que le caracteriza, sin eludir la melancolía de quien se sabe mayor y perteneciente a otra época. Tal y como se indica en el título, El sol del futuro es la aspiración a un tiempo mejor, lo que equivale a asumir las miserias del presente, expuestas con comicidad y sentido crítico.

Moretti interpreta un trasunto de sí mismo, el personaje de un director de cine que rinde tributo al pasado comunista de su país, en mitad de un rodaje en el que trata de mantener su activismo haciendo frente a las dificultades de la producción. Cine dentro del cine, un espejo en el que se reflejan inquietudes, miedos, obsesiones... es el 8 y medio particular de Moretti, no en vano, Fellini aparece referenciado en múltiples ocasiones, junto a otras influencias como Jacques Demy, Woody Allen o los hermanos Taviani. El sol del futuro tiene la virtud de lo íntimo y también de lo generacional, con un carácter caleidoscópico que suena a despedida y que expresa: "Estas son mis ideas, mi música, mis neuras, mi manera de ver el mundo. Este soy yo."

Aquí empiezan, precisamente, los problemas de la película. Ya que el auto-homenaje deriva en ciertos momentos en el ombliguismo, esa actitud indulgente con uno mismo y lacerante con los demás, que practicada con gracia y con distancia puede ser muy eficaz (Allen lo hizo a menudo en el pasado), pero para la que Moretti parece haber perdido fuelle. Sus chistes ya no son tan ingeniosos ni su pensamiento es tan afilado, hasta el punto de incurrir en caricaturas que se alargan (la secuencia del rodaje de acción) o exaltaciones demasiado básicas (la marcha final), e incluso escenas que provocan sonrojo (la canción Think en el coche). Así pues, El sol del futuro a veces se nubla y otras veces deja asomar algunos rayos, mediante imágenes que recuperan el talento de su autor: el plano en el que abandona la filmación con el disparo al fondo, el travelling que le sigue cruzando las habitaciones del decorado, el diálogo que dicta a la joven pareja en pleno atasco... son destellos del genio que aún brilla, si bien el conjunto resulta irregular y algo decepcionante.

En una de las conversaciones, se acusa al personaje que encarna Moretti de no hacer películas para el público, a lo que él responde: "Es cierto... bueno, un poco sí." Y es que El sol del futuro está hecha para sí mismo y para sus incondicionales, es una película en la que Nanni Moretti se celebra, acompañado de viejos conocidos: los actores Margherita Buy y Silvio Orlando, el compositor Franco Piersanti, aportaciones internacionales como Mathieu Amalric, y algún ilustre cameo (Renzo Piano). Ellos y muchos más respaldan al septuagenario cineasta, quien al término del film esgrime un único retrato político, el de Trotski. Un gesto valiente en estos tiempos de conservadurismo ideológico.

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UNA NOCHE EN UNA CIUDAD. "Jedné noci v jednom městě" 2007, Jan Balej

Durante la segunda mitad del siglo XX, el cine checo de animación obtuvo relevancia internacional y prestigio en los festivales especializados gracias al apoyo del estado, que hizo de la industria una plataforma de identidad cultural. La época de esplendor terminó con la caída del comunismo y el consiguiente desmantelamiento de los estudios, un fin de ciclo que coincidió con la transformación digital del medio. Aun así, en los años siguientes surgieron algunos nombres que mantuvieron la técnica artesanal del stop motion como Jan Balej, cineasta formado en el cortometraje y la televisión, que en 2007 lleva a cabo su primer proyecto largo: Una noche en una ciudad.

El guion, escrito por Balej junto a Ivan Arsenyev, se divide en tres historias sin diálogos bien diferenciadas entre sí. La primera y la última tienen en común la nocturnidad y el esperpento como crítica a una sociedad alienada, son alegorías oscuras del alma humana en pleno estado de podredumbre. En especial el segmento que abre el film, cuyas figuras llevan la corrupción del espíritu también a la carne, con personajes grotescos que representan la locura, la avaricia, el desconsuelo... una comunidad de seres degradados que viven en el mismo edificio y que tratan de esquivar las desgracias del día a día con sueños semejantes a pesadillas. En mitad de los dos segmentos hay un cuento luminoso que otorga respiro al espectador, protagonizado por dos vecinos que son amigos, un árbol y un pez antropomorfo. Este es el único relato que se prolonga a través del tiempo mediante elipsis que distinguen las estaciones del año, lo cual permite un trabajo de fotografía más matizado y amable en comparación a las sombras que inundan los otros relatos.

En conjunto, Una noche en una ciudad contiene generosas dosis de imaginación y de humor negro, ilustrados con un estilo visual que va del feísmo a la belleza, pasando por la variedad de tonos intermedios. Es una pieza de orfebrería dotada de plasticidad y de imágenes poderosas que recuerdan a ilustres antecesores (Jan Švankmajer, Jiří Barta), con los que Jan Balej comparte el interés por el sonido y la música. La concordancia de elementos estéticos, sonoros y narrativos hacen de la película una joya en su género, tan estimulante como perturbadora.

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EL AGENTE SECRETO. 2025, Kleber Mendonça Filho

La obra de Kleber Mendonça Filho funciona por acumulación, cada película es una capa de sedimento que se suma a las anteriores y todas ellas fructifican en El agente secreto. De ahí proviene la naturaleza poliédrica de este film rico en referencias, que lo mismo homenajea a un blockbuster de Spielberg que a la serie B de mutaciones asesinas, sin llegar a decantarse por un género concreto. Esta indefinición es en verdad un aliciente, ya que trata de rendir tributo al propio cine como universo multiforme que huye de los corsés narrativos y de las fórmulas.

El contexto y la atmósfera de El agente secreto quedan perfilados desde el inicio en la gasolinera, con el cadáver tendido en el suelo. El empleado del establecimiento espanta a los perros que acuden atraídos por el olor, a la espera de la policía que nunca llega... hasta que, al fin, aparece en el momento en el que el protagonista se ha detenido para repostar. Los agentes ignoran al muerto y tratan de obtener rédito del forastero, encarnado por Wagner Moura, de quien consiguen apenas unos pocos cigarrillos. Esta larga secuencia abre el primero de los tres segmentos en los que se divide el relato, siguiendo un orden que rompe la cronología de los hechos e incluye saltos al pasado y al futuro, un diálogo temporal que plantea preguntas al tema de la violencia y la represión ejercidas por la dictadura militar en el Brasil de 1977.

Mendonça Filho vuelve a filmar en su ciudad natal, Recife, escenario de sus títulos previos. Un refugio clandestino de disidentes asediados por las fuerzas del estado, donde recala un profesor universitario que busca escapar del país con su hijo. El círculo de matones se estrecha a su alrededor mientras establece relación con la comunidad opositora al régimen, personas diversas que resisten día a día y aportan humanidad a un paisaje viciado por la corrupción. Si bien El agente secreto tiene un trasfondo dramático vinculado con la memoria histórica y con la reivindicación de derechos, además hay comedia e incursiones en el absurdo, lo cual aligera el conjunto y permite sopesar los acontecimientos con distancia.

Dicha mixtura condiciona el estilo visual de la película, también muy dinámico. Los encuadres se abren y cierran describiendo entornos, acompañando acciones y capturando detalles (atención a los cuadros de las paredes), con una elocuencia que se materializa finalmente en el montaje. La fotografía de Evgenia Alexandrova recrea las texturas y los colores de la época en la que se enmarca la historia, con tonalidades cálidas y luces sobreexpuestas que realzan el diseño de arte, un auténtico festín para los ojos. Así, las imágenes de El agente secreto transmiten calor y verismo, dos cualidades que emanan de los personajes, interpretados con convicción por un extenso plantel de actores.

Aunque en ocasiones da la sensación de que el film navega solo a la deriva, en realidad, Mendonça Filho maneja con precisión de cirujano los pesos y contrapesos que equilibran la trama y mantienen la tensión del público. El resultado proporciona una experiencia atípica a la que conviene abandonarse a lo largo de sus 160 minutos, bajo los efectos de unas imágenes embriagadoras y de una ficción consciente de sí misma en cada instante. Es el cine por el cine, una hazaña que logra estimular la mirada y agitar las ideas, en definitiva: saldar cuentas con un pasado terrible empuñando la cámara.

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LOS TIGRES. 2025, Alberto Rodríguez

Alberto Rodríguez es uno de los máximos representantes del cine español de género, con un abanico de variedades en su filmografía: el carcelario (Modelo 77), el thriller político (El hombre de las mil caras), el policíaco (Grupo 7La isla mínima), el social (Siete vírgenes)... todo ello sin descuidar los rasgos de carácter de sus personajes ni la coherencia interna de los guiones, escritos al alimón con Rafael Cobos. Buena prueba es Los Tigres. Un drama situado en el mundo de los buzos que trabajan en la industria petroquímica de la ría de Huelva, profesionales que arriesgan sus vidas luchando contra las corrientes marinas y también en el exterior, frente a los embates del día a día.

A dos de estas personas se les conoce como los Tigres, una pareja de hermanos que llevan en remojo desde la infancia, interpretados por Antonio de la Torre y Bárbara Lennie. El conflicto surge cuando él decide paliar sus deudas financieras sustrayendo la droga oculta en el casco de un buque, una situación que el director aprovecha para desarrollar un buen número de escenas filmadas bajo el agua, poco comunes en nuestro cine dadas las complejidades técnicas. Rodríguez demuestra habilidad y pulso en los momentos de acción, pero lo que verdaderamente hace destacar la película es la relación fraternal que mantienen los protagonistas, libre de los clichés y los excesos que suelen padecer las ficciones familiares.

Los actores principales resuelven con destreza las dificultades que plantean sus personajes, distantes entre sí por motivos que ya ni siquiera recuerdan y, a la vez, unidos por fuertes lazos de sangre. Un vínculo que se manifiesta en pequeños gestos: el uso del parasol en el coche, el conocimiento de las respiraciones del otro, compartir la cama de hospital... son fragmentos de la cotidianeidad que diferencia a Los Tigres de otras producciones con temas similares (individuos normales que adoptan soluciones peligrosas para solventar un apuro). Además, Rodríguez se permite algunas licencias poéticas que hacen trascender el conjunto, como el colgante que pasa del cuello del buzo muerto al buzo que sobrevive, o el sonido de las olas en el móvil para conciliar el sueño, acaso destellos de lirismo que iluminan un film sobrio, conciso.

En todo el resto, Los Tigres vuelve a dejar patente la capacidad del director andaluz para construir relatos bien estructurados, empleando un lenguaje rico en recursos cinematográficos. Las imágenes adquieren dinamismo gracias al montaje de José M. G. Moyano, miembro habitual del equipo, al que se suma por primera vez Pau Esteve Birba en la fotografía. Juntos elaboran una puesta en escena ágil, capaz de conjugar con naturalidad el paisaje humano con el paisaje geográfico, y que avanza siempre en favor del relato. Esta es la virtud de Alberto Rodríguez como cineasta: mantener un ojo puesto en la cámara y en los actores, y otro ojo puesto en el público.

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MARTY SUPREME. 2025, Joshua Safdie

Primer largometraje que dirige en solitario Joshua Safdie tras la separación artística de su hermano Ben, un dúo conocido por la energía y velocidad que imprimen en sus películas. Marty Supreme conlleva también un cambio en el sistema de producción: la compañía A24 pasa a ser la valedora mayoritaria del film y esto hace aumentar el presupuesto considerablemente, todo es más grande, más complejo... y más frenético si cabe.

El director se estrena en el cine de época con esta historia ambientada en los años cincuenta, durante el periodo posterior a la II Guerra Mundial. Timothée Chalamet encarna a un buscavidas que posee un talento singular para el ping-pong, inspirado en la figura del campeón estadounidense Marty Reisman (aquí llamado Marty Mauser). La trama sigue a toda prisa su carrera por alcanzar el éxito a lo largo de una sucesión de peripecias que incluyen a una joven adúltera a la que deja embarazada, una estrella veterana, un gánster que pierde a su perro o varios empresarios a los que trata de sacar dinero. Las situaciones se persiguen unas a otras sin freno, con el objetivo de que el protagonista obtenga el capital necesario para participar en las competiciones internacionales de tenis de mesa. En este ejercicio de dinamismo aplicado a las formas y al relato tiene mucho que ver la doble función que desempeña Ronald Bronstein como guionista (junto a Safdie) y montador, ya que ambos oficios están imbricados y sostienen el armazón dramático de Marty Supreme, uniendo imágenes y texto de manera orgánica, esencial.

La película vuelve a poner en evidencia la capacidad cinética de Safdie para encadenar momentos de tensión y sostener el ritmo, que se prolonga hasta 150 minutos sin apenas respiro. Aun así, el film no se queda solo en el lema circense del "más difícil todavía", sino que incluye conflictos internos y personajes bien trazados que supeditan la acción al desarrollo argumental, evitando que el exceso llegue a devorar el conjunto. Gran parte de responsabilidad de que el espectáculo trascienda cae en manos de los actores, con un Chalamet eufórico al frente, al que acompañan Gwyneth Paltrow, Odessa A’zion y nombres provenientes de diversas disciplinas artísticas como Abel Ferrara o Tyler the Creator. Juntos conforman la fauna vigorosa y neoyorquina que suele poblar los títulos del cineasta, quien una vez más elige su ciudad natal de escenario principal.

Otros profesionales que repiten con Joshua Safdie son el director de fotografía Darius Khondji y el compositor Daniel Lopatin, los cuales aportan expresividad y resuelven las dificultades que plantea la cinta: el primero respecto a la multiplicidad de decorados y la abundancia de escenas nocturnas, y el segundo en el anacronismo que supone emplear músicas propias de los años ochenta para representar el ímpetu del protagonista. Todo vale con tal de cargar de electricidad Marty Supreme, una endiablada parábola sobre asumir responsabilidades y hacer el bien, que demuestra que Joshua Safdie está preparado para acometer grandes proyectos sin sacrificar por ello su estilo.

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FRIDAY FOSTER. 1975, Arthur Marks

Primera de las dos películas que Pam Grier rodó con el director, guionista y productor Arthur Marks, las cuales dieron cierre al breve pero intenso reinado de la actriz dentro del blaxploitation de serie B de los años setenta. Estos tres conceptos juntos son garantía del mayor de los disfrutes, prueba de ello es Friday Foster. Un largometraje que lleva a la pantalla el personaje del mismo nombre creado por Jim Lawrence y Jordi Longarón, conocido por ser el primer cómic publicado en un medio estadounidense que protagoniza una mujer negra. Ella es una fotógrafa de moda con habilidad para meterse en toda clase de líos sentimentales, si bien la película deja a un lado los asuntos del corazón y se centra en una trama criminal y política sin pies ni cabeza.

Poco importa que el guion se enrede en una maraña de personajes y de situaciones hasta perder cualquier coherencia, porque el objetivo de Friday Foster es servir de vehículo de lucimiento a los encantos de la Grier. Su actitud frente a la cámara y su poderosa presencia física eliminan sin dificultad las debilidades del conjunto: ni el aire televisivo de la puesta en escena ni la sobreactuación de la mayoría de los actores resultan problemáticas a la hora de seguir los movimientos constantes de la actriz en los escenarios repartidos entre Los Ángeles y Washington.

La película, producida una vez más por American International Pictures, cuenta con un presupuesto algo superior a los anteriores títulos de Grier, lo que significa la aparición de vehículos más caros y de efectos especiales más complejos, pero la esencia permanece igual: Friday Foster es un divertimento sin pretensiones dirigido a los fans de la estrella protagonista, que mantiene el ritmo necesario para suscitar interés gracias, en parte, a la música de Luchi De Jesus. Sonidos funk que dan color a todos los tópicos posibles que pesan sobre la comunidad negra... este es, acaso, el máximo inconveniente del film. En todo lo demás, Friday Foster depara un espectáculo gozoso lleno de personajes pintorescos y momentos absurdos, filmados con abundancia de zooms y planos que se recrean en la fascinante Pam Grier. ¿Se puede pedir más por menos?

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