El guion, escrito por Balej junto a Ivan Arsenyev, se divide en tres historias sin diálogos bien diferenciadas entre sí. La primera y la última tienen en común la nocturnidad y el esperpento como crítica a una sociedad alienada, son alegorías oscuras del alma humana en pleno estado de podredumbre. En especial el segmento que abre el film, cuyas figuras llevan la corrupción del espíritu también a la carne, con personajes grotescos que representan la locura, la avaricia, el desconsuelo... una comunidad de seres degradados que viven en el mismo edificio y que tratan de esquivar las desgracias del día a día con sueños semejantes a pesadillas. En mitad de los dos segmentos hay un cuento luminoso que otorga respiro al espectador, protagonizado por dos vecinos que son amigos, un árbol y un pez antropomorfo. Este es el único relato que se prolonga a través del tiempo mediante elipsis que distinguen las estaciones del año, lo cual permite un trabajo de fotografía más matizado y amable en comparación a las sombras que inundan los otros relatos.
En conjunto, Una noche en una ciudad contiene generosas dosis de imaginación y de humor negro, ilustrados con un estilo visual que va del feísmo a la belleza, pasando por la variedad de tonos intermedios. Es una pieza de orfebrería dotada de plasticidad y de imágenes poderosas que recuerdan a ilustres antecesores (Jan Švankmajer, Jiří Barta), con los que Jan Balej comparte el interés por el sonido y la música. La concordancia de elementos estéticos, sonoros y narrativos hacen de la película una joya en su género, tan estimulante como perturbadora.

