UNA NOCHE EN UNA CIUDAD. "Jedné noci v jednom městě" 2007, Jan Balej

Durante la segunda mitad del siglo XX, el cine checo de animación obtuvo relevancia internacional y prestigio en los festivales especializados gracias al apoyo del estado, que hizo de la industria una plataforma de identidad cultural. La época de esplendor terminó con la caída del comunismo y el consiguiente desmantelamiento de los estudios, un fin de ciclo que coincidió con la transformación digital del medio. Aun así, en los años siguientes surgieron algunos nombres que mantuvieron la técnica artesanal del stop motion como Jan Balej, cineasta formado en el cortometraje y la televisión, que en 2007 lleva a cabo su primer proyecto largo: Una noche en una ciudad.

El guion, escrito por Balej junto a Ivan Arsenyev, se divide en tres historias sin diálogos bien diferenciadas entre sí. La primera y la última tienen en común la nocturnidad y el esperpento como crítica a una sociedad alienada, son alegorías oscuras del alma humana en pleno estado de podredumbre. En especial el segmento que abre el film, cuyas figuras llevan la corrupción del espíritu también a la carne, con personajes grotescos que representan la locura, la avaricia, el desconsuelo... una comunidad de seres degradados que viven en el mismo edificio y que tratan de esquivar las desgracias del día a día con sueños semejantes a pesadillas. En mitad de los dos segmentos hay un cuento luminoso que otorga respiro al espectador, protagonizado por dos vecinos que son amigos, un árbol y un pez antropomorfo. Este es el único relato que se prolonga a través del tiempo mediante elipsis que distinguen las estaciones del año, lo cual permite un trabajo de fotografía más matizado y amable en comparación a las sombras que inundan los otros relatos.

En conjunto, Una noche en una ciudad contiene generosas dosis de imaginación y de humor negro, ilustrados con un estilo visual que va del feísmo a la belleza, pasando por la variedad de tonos intermedios. Es una pieza de orfebrería dotada de plasticidad y de imágenes poderosas que recuerdan a ilustres antecesores (Jan Švankmajer, Jiří Barta), con los que Jan Balej comparte el interés por el sonido y la música. La concordancia de elementos estéticos, sonoros y narrativos hacen de la película una joya en su género, tan estimulante como perturbadora.