NOTA DEL EDITOR (Mayo 2026)
Después de más de 1000 críticas publicadas, A TODO CINE busca otras vías de expresión que rompan la inercia habitual del pensamiento crítico, con el ánimo de acercarlo a la práctica artística. Esta inquietud viene motivada por una pregunta: ¿Se puede hacer crítica de cine de forma gráfica? Como autor de estas letras, no he encontrado ejemplos que me den respuesta, así que he interpretado dicha carencia como una invitación a hacerlo yo mismo. Esto es lo que me planteo: llevar la crítica cinematográfica al terreno del dibujo, la ilustración, el collage... Tal vez regrese al texto en alguna ocasión, pero por el momento me apetece probar esta aventura. Quien guste acompañarme, es bienvenido.
JAY KELLY. 2025, Noah Baumbach
El guion escrito por Baumbach y Emily Mortimer es un ajuste de cuentas contra el ejercicio de la simulación y la competitividad que imperan en la industria, sostenida sobre la lógica capitalista del "tanto tienes, tanto vales". Un ecosistema poblado por agentes, productores, técnicos... siempre pendientes de que el show siga adelante, pase lo que pase. Jay Kelly evoluciona en un trasiego constante que arranca en Los Ángeles y se traslada hasta Francia e Italia, con una comparsa de viajeros que se va reduciendo según transcurre el viaje. Entre ellos figuran los rostros de Adam Sandler, Laura Dern, Billy Crudup o Patrick Wilson, dentro de un largo plantel de personajes episódicos. Como no podía ser de otro modo, la travesía se encamina en verdad al interior del protagonista, cortado a la medida de Clooney, quien parece reírse de sí mismo tras el catálogo de gestos que le han hecho célebre.
Baumbach retrata a esta extravagante fauna con una mirada crítica, que pone en evidencia la esclavitud del trabajo frente a la libertad individual, lo cual obliga al director a mantener la tensión y el ritmo que la historia necesita para transmitir el desasosiego existencial del señor Kelly. Además hay humor (mucho) y sentimientos (moderados, hasta incurrir en el abuso durante el tramo final). La deriva sensiblera pretende enmendar la acidez de la propuesta y termina subrayando sin necesidad, haciendo tambalear el andamiaje sobre el que se sustenta el tributo al cine clásico que es Jay Kelly. Un homenaje que se materializa en la arquitectura de las escenas, el diseño de los personajes y en elementos como la música compuesta por Nicholas Britell.
Igual sucede con la fotografía de Linus Sandgren, propensa al artificio y a la ultradefinición, el color saturado y el alto contraste, algo que en ocasiones funciona muy bien (como en el sorprendente plano secuencia del principio). Las imágenes tienden en general al manierismo, porque de eso se trata: la representación de un mundo forzado, brillante y espectacular, gobernado por gente solitaria capaz de fingir emociones para el público sin alcanzar a conocerlas del todo. Antes de que la cosa se ponga solemne, la comedia acude al rescate y suaviza el tono de lo que se está contando, con la agilidad y la destreza características de Noah Baumbach. Un cineasta que demuestra haber aprendido la lección de los referentes que inspiran Jay Kelly (Sturges, Wilder, Capra) para traerlos al presente, si no con idéntico lustre, al menos con una intención similar.



