MARTY SUPREME. 2025, Joshua Safdie

Primer largometraje que dirige en solitario Joshua Safdie tras la separación artística de su hermano Ben, un dúo conocido por la energía y velocidad que imprimen en sus películas. Marty Supreme conlleva también un cambio en el sistema de producción: la compañía A24 pasa a ser la valedora mayoritaria del film y esto hace aumentar el presupuesto considerablemente, todo es más grande, más complejo... y más frenético si cabe.

El director se estrena en el cine de época con esta historia ambientada en los años cincuenta, durante el periodo posterior a la II Guerra Mundial. Timothée Chalamet encarna a un buscavidas que posee un talento singular para el ping-pong, inspirado en la figura del campeón estadounidense Marty Reisman (aquí llamado Marty Mauser). La trama sigue a toda prisa su carrera por alcanzar el éxito a lo largo de una sucesión de peripecias que incluyen a una joven adúltera a la que deja embarazada, una estrella veterana, un gánster que pierde a su perro o varios empresarios a los que trata de sacar dinero. Las situaciones se persiguen unas a otras sin freno, con el objetivo de que el protagonista obtenga el capital necesario para participar en las competiciones internacionales de tenis de mesa. En este ejercicio de dinamismo aplicado a las formas y al relato tiene mucho que ver la doble función que desempeña Ronald Bronstein como guionista (junto a Safdie) y montador, ya que ambos oficios están imbricados y sostienen el armazón dramático de Marty Supreme, uniendo imágenes y texto de manera orgánica, esencial.

La película vuelve a poner en evidencia la capacidad cinética de Safdie para encadenar momentos de tensión y sostener el ritmo, que se prolonga hasta 150 minutos sin apenas respiro. Aun así, el film no se queda solo en el lema circense del "más difícil todavía", sino que incluye conflictos internos y personajes bien trazados que supeditan la acción al desarrollo argumental, evitando que el exceso llegue a devorar el conjunto. Gran parte de responsabilidad de que el espectáculo trascienda cae en manos de los actores, con un Chalamet eufórico al frente, al que acompañan Gwyneth Paltrow, Odessa A’zion y nombres provenientes de diversas disciplinas artísticas como Abel Ferrara o Tyler the Creator. Juntos conforman la fauna vigorosa y neoyorquina que suele poblar los títulos del cineasta, quien una vez más elige su ciudad natal de escenario principal.

Otros profesionales que repiten con Joshua Safdie son el director de fotografía Darius Khondji y el compositor Daniel Lopatin, los cuales aportan expresividad y resuelven las dificultades que plantea la cinta: el primero respecto a la multiplicidad de decorados y la abundancia de escenas nocturnas, y el segundo en el anacronismo que supone emplear músicas propias de los años ochenta para representar el ímpetu del protagonista. Todo vale con tal de cargar de electricidad Marty Supreme, una endiablada parábola sobre asumir responsabilidades y hacer el bien, que demuestra que Joshua Safdie está preparado para acometer grandes proyectos sin sacrificar por ello su estilo.