Kaufman elabora con todos estos elementos una película divertida y enérgica. Ya desde la primera escena con la persecución en los callejones, The Wanderers exhibe dinamismo dentro y fuera del plano, mediante imágenes que depositan su fuerza en el montaje. La fotografía de Michael Chapman capta la atmósfera de los paisajes urbanos y también de los abundantes escenarios de interior: locales, apartamentos, boleras... una multiplicidad de localizaciones habitadas por un reparto coral en el que se encuentran Ken Wahl, John Friedrich, Karen Allen o Linda Manz, entre muchos otros. Actores que lucen un registro interpretativo acorde al tono caricaturesco del film.
No abundan los matices en el conjunto, tampoco son necesarios. Kaufman se encuentra en su etapa más inspirada y es consciente de que una película de estas características requiere inmediatez y vigor, como un buen guitarrazo de rock 'n' roll que se disfruta, además, con los oídos: la banda sonora contiene una impecable selección de canciones que influyen en el ritmo que adoptan las escenas. Si bien el resultado no obtuvo igual reconocimiento que sus coetáneos, con el transcurso del tiempo, The Wanderers se ha ido revelando como un título de culto de lo más disfrutable.

