MI AMIGA EVA. 2025, Cesc Gay

Si hay un género maltratado por el cine de las últimas décadas, es la comedia romántica. La simplificación paulatina de los argumentos, la carencia de ingenio de los cineastas y la poca exigencia por parte del público... son factores que evidencian la degradación de unas narrativas que, en su mejor momento, estuvieron a cargo de Lubitsch, Leisen o La Cava. Puede que la comparación sea injusta, eran otras circunstancias y otros tiempos. Pero también es cierto que se debe celebrar la existencia de directores como Cesc Gay, empeñado en perpetuar aquella tradición trasladándola al presente, con historias protagonizadas por personajes cercanos que afrontan a duras penas las incertidumbres sentimentales de nuestros días. Buen ejemplo de ello es Mi amiga Eva, el retrato individual de una mujer que llega a los cincuenta con necesidad de reinventarse y que en manos de Gay abarca a la generación perteneciente a la clase media/alta de Barcelona.

Mi amiga Eva sigue la línea trazada por el director y guionista en sus anteriores películas, dentro de un tono amable que no oculta cierta amargura relacionada con el ser humano contemporáneo. Cesc Gay y Eduard Sola trabajan juntos por primera vez en un guion eficaz y conciso como un mecanismo de relojería, capaz de desarrollar situaciones y personajes siempre en favor de la trama. Gay deposita toda la importancia en el relato y en los actores, y pone a su servicio una puesta en escena que evita las complicaciones, mediante planos que buscan la acción/reacción, movimientos de cámara descriptivos, un montaje funcional... son herramientas audiovisuales que permiten al espectador no distraerse de lo esencial, que es seguir las evoluciones de la Eva del título, interpretada por Nora Navas. La actriz catalana demuestra una vez más creatividad y entrega en la construcción de su personaje, bien secundado por sus compañeros de reparto Juan Diego Botto, Rodrigo de la Serna o Francesco Carril, entre otros.

La música de jazz compuesta por Arnau Bataller define la ligereza y el desenfado que luce el film en su conjunto, una propuesta cuya falta de ambiciones puede ser entendida como un demérito, cuando se trata de lo contrario: la prueba de que todavía es posible entretener a la audiencia con los asuntos del corazón sin menospreciar su inteligencia. Algo poco común en las pantallas predominantes.