NOUVELLE VAGUE. 2025, Richard Linklater

Que una película que trata sobre una revolución sea tan poco revolucionaria como Nouvelle vague es, cuanto menos, paradójico. El motivo es claro: Richard Linklater, su director, convierte la heterodoxia que dio pie al movimiento de la nueva ola francesa en un objeto de consumo destinado al gran público, convenientemente masticado para su cómoda deglución.

Por ello, Linklater reproduce el contexto histórico y las anécdotas que envolvieron el rodaje de À bout de souffle en 1960, mediante un ejercicio bien documentado que acumula clichés y frases escogidas de Jean-Luc Godard. El resultado ofrece un "quién es quién" de los autores salidos de la revista Cahiers du Cinéma y demás nombres del momento: Truffaut, Chabrol, Rohmer, Varda... un inventario donde no falta nadie y todos cumplen su función. Así, el espectador cinéfilo no encontrará demasiadas sorpresas en esta película hecha para dummies, que cumple su cometido didáctico al recrear fielmente situaciones y escenarios que forman parte de la mitología del cine.

Nouvelle vague está pensada para acariciar el ego del aficionado empleando recursos formales que apelan también a los sentimientos: la pantalla en formato 1:33, las imágenes calcadas de las que fotografió en su día Raoul Coutard en blanco y negro, la escenificación de las fotos de rodaje de Raymond Cauchetier, la música con clásicos de la época... El mérito reside, por lo tanto, en la copia. No hay mucho más que rascar en este film autocomplaciente, que busca el aplauso fácil de la audiencia interesada en el tema. Al menos, Linklater lo cuenta con gracia y con ritmo, algo no demasiado habitual en estos tiempos de comedias poco inteligentes, por usar una expresión suave.