Shepard incluye en el montaje unos 200 fragmentos de películas de los más diversos géneros. Las joyas consideradas clásicas conviven con los productos de derribo, completando un crisol particular de gustos y referencias que se presenta en la pantalla de manera dinámica, con un ritmo acelerado que no decae en ningún momento. La voz del propio Shepard guía la narración empleando un tono entusiasta y cercano, capaz de influir en el ánimo del público. Por eso el resultado es de lo más satisfactorio y proporciona la sensación de estar sentado escuchando las memorias de un creador desde su escritorio, en este caso, desde la mesa de edición. Además, hay abundantes fotografías y grabaciones caseras del director junto a bonitas ilustraciones de cines neoyorquinos, cortesía de Skip Sturtz. Resulta muy original la incorporación de monigotes (a modo de storyboards) dibujados por Shepard para recrear algunos de sus recuerdos, lo cual añade frescura al conjunto.
Lo que comienza siendo un producto destinado a frikis termina derivando en el homenaje de Richard Shepard a la figura de su padre, hombre carismático y peculiar que prendió la llama de su veneración por las películas. En suma, Film Geek es un viaje individual al pasado que consigue representar una experiencia compartida, la de los adictos al celuloide que mitigan las fricciones de la vida con las ficciones cinematográficas.

