HOLLYWOOD 90028. 1973, Christina Hornisher

La historia del cine está llena de películas desparecidas por múltiples motivos: accidentes, guerras, desastres naturales, censura... otras, sin embargo, no necesitaron ninguna tragedia para dejar de existir. Bastó el fracaso comercial, la desidia de sus responsables o el desinterés del público para terminar en un contenedor de basura, tal y como le sucedió a Hollywood 90028. Por fortuna, alguien tuvo la intuición de restaurar aquellas latas desechadas, dando nueva vida a uno de los films más atípicos de los ya de por sí atípicos años setenta.

Poco se sabe de la directora, guionista y productora Christina Hornisher. Apenas que, tras haber realizado varios cortos experimentales, debió de reunir algo de dinero para financiar su primer y único largometraje, con la ayuda de un equipo casi amateur. De hecho, dos de los protagonistas provenían del mundo de la música, y quien entonces era su marido se encargaba de la cámara... cabe destacar, eso sí, que el autor de la partitura era nada menos que Basil Poledouris, en uno de sus primeros trabajos cinematográficos. El compositor que después obtendría fama gracias a sus sonoridades épicas, aquí da muestras de su temprana expresividad creativa con arreglos muy enraizados en su época. Y es que Hollywood 90028 parece en ocasiones un documental sobre la ciudad de Los Ángeles, en el que conviven lo popular (Venice Beach, los murales artísticos, el letrero del Monte Lee) y esa otra cara desconocida donde los edificios históricos son sustituidos por las nuevas construcciones y el comercio erótico abre toda la noche.

El personaje principal de Hollywood 90028 vaga por la urbe en los ratos en los que no trabaja realizando grabaciones eróticas para los peep show. Es un operador de cámara frustrado que aspira a encontrar un oficio mejor, un individuo alienado que asesina a mujeres con las que entabla relaciones... salvo una, tal vez la única oportunidad de redimirse. Como es habitual, Hornisher trata de psicologizar esta demencia feminicida a través de un accidente ocurrido en la infancia, el cual se describe mediante fotografías en la secuencia inicial de los títulos de crédito. Un recurso narrativo de tintes freudianos que supone lo más endeble del guion, porque busca favorecer la empatía y justificar la pulsión homicida del protagonista, empleando también otras tácticas como la llamada telefónica de la hermana, cuya voz se repite en un eco abrasivo y desquiciante. Esta argucia sonora participa de la experimentalidad con la que Hornisher desarrolla el relato, que incluye montajes simbólicos (cuando el personaje de Michele cuenta su pasado), imágenes fragmentadas (el encuentro sexual entrevisto en los reflejos del cristal) y demás incursiones en la vanguardia audiovisual del momento.

El carácter híbrido de Hollywood 90028, capaz de mezclar el cine experimental, el exploitation (con profusión de desnudos gratuitos) y el documental, dota a la película de una atmósfera muy particular que convierte el visionado en un ejercicio hipnótico, alucinatorio. No sabemos dónde hubiera podido llegar Christina Hornisher, pero la suma de los riesgos que aquí asume da como resultado un milagro kamikaze y bizarro, una joya perdida de la serie B que hoy tenemos la suerte de recuperar tras décadas de olvido.

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