LA TARTA DEL PRESIDENTE. "Mamlaket Al-Qasab" 2025, Hasan Hadi

Si hacer una película siempre es una tarea compleja, en algunos casos también puede parecer un milagro. Prueba de ello es La tarta del presidente, producida en Irak (en colaboración con EEUU y Catar), país donde no existe una industria del cine ni hay disponibles demasiados medios técnicos. Allí la situación política sigue siendo frágil e inestable, la sociedad subsiste marcada por las desigualdades y la corrupción estructural... motivos que multiplican el mérito de Hasan Hadi por haber podido filmar su opera prima en localizaciones reales del territorio iraquí, con actores no profesionales.

Al igual que décadas atrás hicieron Vittorio De Sica o Satyajit Ray, Hadi toma una pequeña historia local y la dota de sentido universal, a modo de fábula que empieza y termina en las marismas de Mesopotamia. Entre medias hay un viaje a Bagdad en cuyas calles aprende a madurar una niña de apenas nueve años, en compañía de su gallo. Las peripecias se suceden a lo largo de dos días que muestran las contradicciones de una realidad al mismo tiempo solidaria, generosa, egoísta y terrible, todo con el trasfondo de la dictadura de Sadam Husein, que en el momento del relato tiene al estado movilizado en la celebración de su cincuenta cumpleaños.

Más allá de la capacidad de La tarta del presidente para aunar entretenimiento y conciencia, sobresalen las dotes narrativas del director para llevar al público de la mano mediante imágenes bellas y bien construidas, con movimientos de cámara elegantes y una fluidez en el montaje que conecta el despertar de la joven protagonista con el subconsciente del espectador. No hay muchos cineastas (y menos aún noveles) que puedan lograr algo parecido en condiciones así de limitadas. Hasan Hadi lo consigue y hace de La tarta del presidente un debut de lo más estimulante, que ojalá incite a otros creadores de esta zona tan maltratada por la historia reciente.