LA PUERTA. "The Gate" 1987, Tibor Takács

En los años ochenta, la sombra de Steven Spielberg es tan alargada que cubre buena parte del cine comercial norteamericano. Y llega todavía más allá, hasta Ontario (Canadá), donde el director Tibor Takács filma La puerta bajo la influencia de quien era considerado el Rey Midas de Hollywood. Es fácil percibir la huella de E.T., Los Goonies y Poltergeist en esta película de terror adolescente que bebe también de las historietas que se publicaban en revistas como Creepy o Eerie. Una combinación de elementos que obtuvo generosos resultados en taquilla y en el mercado del vídeo doméstico, aunque sus valores cinematográficos son más cuestionables.

La puerta tiene una premisa bastante simple: dos niños descubren por accidente una gruta que accede al infierno, situada en el jardín de la casa de uno de ellos, interpretado por Stephen Dorff en su primera aparición en el cine. En realidad, el argumento es una excusa para desarrollar una gran cantidad de efectos especiales, algunos de los cuales acusan la falta de presupuesto. Otros, sin embargo, resisten con cierta dignidad, si bien la sensación general es la de estar ante un espectáculo artesanal que a veces se parece a una atracción de feria debido a la variedad de fantasmas, zombis y monstruos que desfilan por la pantalla.

La película posee el encanto de las reliquias de aquella época y, a falta de otras virtudes, hoy es reivindicada como una obra de culto por los nostálgicos que valoran la adscripción al espíritu de un tiempo en concreto, posiblemente el de su propia infancia. Poco más se puede pedir: ni el guion esquemático, ni la puesta en escena, ni tampoco las actuaciones de los actores logran que el conjunto se sobreponga a la medianía. Solo el valor sentimental que le atribuye un determinado público amante del género ha salvado del olvido a La puerta, tercer largometraje de un director que alcanzó aquí su mayor éxito, antes de lanzarse a una larga y fructífera carrera de despropósitos.